No es un autista. Es Manuel, y tiene autismo

alto alto como una montaña

El hijo de Olga Lalín es ese niño que tira el pan para verlo caer al agua en vez de para darle de comer a los patos. El mismo que busca líneas en el borde de la acera, en las juntas de las baldosas, en los marcos de las ventanas y en sus admirados números y letras. Por eso ha aprendido a escribir tan pronto.

Cuando fui a ver tocar a la orquesta de Castro Navás, centro de día para adultos con autismo, me llamó la atención Sergio. Le pidieron que tocara el estribillo para hacer una prueba de sonido y le hizo falta mover los dedos en el aire y tocar en su cabeza la canción desde el principio para llegar al estribillo. Necesita ese ejercicio mental para conseguir aquello que le piden, pero no por ello es menos capaz de tocar el piano, ¿no?

Como él, muchos…

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