Todos los “me gusta” no me gustan! Redes clientelares en las redes sociales

megusta

 

 

  • darle al me gusta porque te sientes obligada
  • darle al me gusta aunque no te guste
  • darle al me gusta por solidaridad con el resto de me gustas de una foto que no te gusta
  • darle al me gusta y mezclarte en un hilo sin fin de comentarios de mal gusto

¿A alguien no le ha pasado?

Las redes sociales se han convertido en una herramienta magnífica para estar en contacto con los demás, para compartir trabajo, ideas o simplemente para  divertirse pero con la experiencia que nos da el tiempo también hemos podido comprobar que tienen un “lado oscuro” que puede pasar inadvertido si no pensamos sobre él. No estoy hablando de ciberdelitos, no hablo de suplantación de la identidad de las personas, de enlaces falsos que conducen a un virus o de perfiles hackeados. Hablo de algo mucho más sencillo en apariencia que puede pasar inadvertido pero que requiere reflexión.

Mi experiencia virtual me ha hecho ser consciente de la doble moral con la que a veces nos manejamos en este mundo, y cómo ésto es un reflejo de nuestra sociedad,  no olvidemos que el mundo virtual también es realidad y ambos ejercen influencia uno sobre otro.

Volviendo al tema de los me gusta, me llama mucho la atención cómo a veces nos podemos dejar llevar por la fiebre megustadora ante ciertos comentarios, imágenes o actualizaciones que están muy lejos de ser respetuosos. Parece existir entre algunos grupos de personas una relación de clientelismo social donde cada uno tiene su función.

A comienzos de marzo hice una publicación en referencia a “los subnormales” de Javier Nart. En ella pedía respeto en el uso del lenguaje para el colectivo de las personas con diversidad funcional. Mucha gente compartió esta entrada y se comentó de manera favorable.

Parece que en general deseamos que nos traten con respeto.

Ahora lanzo este artículo sobre una práctica digamos que “invisible” pero igual de dañina porque es percibida como tal: los me gusta indiscriminados en los comentarios irrespetuosos. Seamos coherentes, si no nos gusta que llamen a nuestros hijos “subnormales”, no usemos el insulto para referirnos a otros. Con estas actitudes proyectamos una imagen errónea hacia el resto de la sociedad, banalizamos en el contexto de temas tan sensibles como la diversidad funcional y de paso nos quedamos en el subsuelo de la relación social: el desprecio.

Pensemos sobre ello.

no me gusta

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